Los japoneses siempre han gustado del pescado fresco. Pero las aguas cercanas a Japón no han tenido muchos peces por décadas.
Así que para alimentar a la población japonesa, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes para ir mar adentro.
Mientras más lejos iban los pescadores más era el tiempo que les tomaba regresar a entregar el pescado.
Si el viaje tomaba varios días, el pescado ya no estaba fresco.
Para resolver el problema, las compañías instalaron congeladores en los barcos pesqueros.
Así podían pescar y poner los pescados en los congeladores. Sin embargo, los japoneses pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el fresco y no les gustaba el congelado, que, por lo tanto, se tenían que vender más barato.
Las compañías instalaron entonces en los barcos tanques para los peces.
Podían así pescar los peces, meterlos en los tanques y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa.
Pero después de un tiempo los peces dejaban de moverse en el tanque. Estaban aburridos y cansados, aunque vivos.
Los consumidores japoneses también notaron la diferencia del sabor porque cuando los peces dejan de moverse por días, pierden el sabor fresco ...
y ¿cómo resolvieron el problema las compañías japonesas?
Y ¿cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco?
Si las compañías japonesas te pidieran asesoría, ¿qué les recomendarías?
(Mientras piensas en la solución.... Lee lo que sigue):
Tan pronto una persona alcanza sus metas, tales como empezar una nueva empresa, pagar sus deudas, encontrar una pareja maravillosa o lo que sea, empieza a perder la pasión. Ya no necesitará esforzarse tanto. Así que solo se relaja.
Experimentan el mismo problema que las personas que ganan la lotería o el de quienes heredan mucho dinero y nunca maduran o de quienes se quedan en casa y se hacen adictos a los medicamentos para la depresión o la ansiedad.
Como el problema de los pescadores japoneses, la solución es sencilla.
Lo dijo L. Ron Hubbard a principios de los años 50:
"Las personas prosperan mas cuando hay desafíos en su medio ambiente" .
Para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras ponen a los peces dentro de los tanques en los botes,
pero ahora ponen también un tiburón pequeño! Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero muy vivos.
¡Los peces son desafiados! Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, ¡para mantenerse vivos!
Cuando alcances tus metas proponte otras mayores. Nunca debes crear el éxito para luego acostarte en él.
Así que, invita un tiburón a tu tanque, y descubre que tan lejos realmente puedes llegar.
Unos cuantos tiburones te harán conocer tu potencial para seguir vivo y haciendo lo que mejor haces, de la mejor manera posible!!
Y si ya los encuentras en el tanque, déjalos que se muerdan entre si, que no te asusten sus dientes ni sus trampas...tu sigue alerta, pero siempre "fresco".
Siempre habrá tiburones a donde vayas...
jueves, 11 de marzo de 2010
viernes, 26 de febrero de 2010
Un maestro que salió a enseñar la Paz
Había una vez un maestro que decidió recorrer el mundo para enseñar la Paz.
Así que sanó a todo enfermo que le salió al paso –aunque sin experimentar Paz.
Libró a los endemoniados de sus demonios –pero sin comprender qué diablos era la Paz.
Caminó sobre mares y ríos, apaciguó tormentas –pero ningún milagro calmó las agitadas aguas de su Alma ni le ayudó a hallar la senda de la Paz.
Convirtió agua en vino, mirra en oro, oro en mirra –sin saber cómo transformar su angustia en Paz.
Un día, tras muchos afanes, llegó a la siguiente conclusión:
“¡En mi vida no hallo el milagro de la Paz!”.
Entonces, el sanador no sanado recordó las palabras de su Salvador personal, un mago que lo había curado años atrás de su soledad y cuyo nombre no sabía ni recordaba:
“Detrás de cada milagro hay una ilusión… ¡y cada uno de nosotros es un milagro!”.
De lo cual dedujo el maestro:
“La Paz se esconde justo detrás de cada milagro, en el centro de toda ilusión: unos y otros deben ser dejados atrás, para que lo inexpresable pueda al fin ser expresado”.
Así que un día dejó de lado el anhelo de aprender qué era la Paz.
Dejó de lado todo anhelo de aprender –pues, ¿qué más podía aprender alguien que era capaz de sosegar tifones, sanar enfermos con un toque de sus manos y transformar la bosta de vaca en oro?
También dejó de hacer milagros.
Dejó de hacer. ¡Hasta dejó de dejar!
Y en ese instante… ¡empezó a Ser! Y en el Ser ya no había necesidad de ilusiones ni milagros.
En el Ser sobraba el hacer. Y así –al fin- halló la Paz.
La Paz estaba allí –donde no había ningún allí.
La Paz transcurría en un instante exento del más mínimo instante.
La Paz se podía aprender… ¡pero no se podía transmitir a otros!
Sin embargo, y tal como le mostraba su propia experiencia, la única forma de aprender la Paz era enseñándola: pues ésa era la máxima expresión de Amor de la que era capaz un ser humano hacia sí mismo.
Porque amar al prójimo cada segundo del día es la única manera de despejar los obstáculos que nos separan del Amor hacia nosotros mismos…
Así, continuó enseñando lo in enseñable: vertió –sin reservas- ese infinito caudal de Amor que manaba de sí mismo; sació la sed del sediento, devolvió la salud al desahuciado… ¡y siguió haciendo esos milagros que tanto entretenían e ilusionaban a sus semejantes!
Así que sanó a todo enfermo que le salió al paso –aunque sin experimentar Paz.
Libró a los endemoniados de sus demonios –pero sin comprender qué diablos era la Paz.
Caminó sobre mares y ríos, apaciguó tormentas –pero ningún milagro calmó las agitadas aguas de su Alma ni le ayudó a hallar la senda de la Paz.
Convirtió agua en vino, mirra en oro, oro en mirra –sin saber cómo transformar su angustia en Paz.
Un día, tras muchos afanes, llegó a la siguiente conclusión:
“¡En mi vida no hallo el milagro de la Paz!”.
Entonces, el sanador no sanado recordó las palabras de su Salvador personal, un mago que lo había curado años atrás de su soledad y cuyo nombre no sabía ni recordaba:
“Detrás de cada milagro hay una ilusión… ¡y cada uno de nosotros es un milagro!”.
De lo cual dedujo el maestro:
“La Paz se esconde justo detrás de cada milagro, en el centro de toda ilusión: unos y otros deben ser dejados atrás, para que lo inexpresable pueda al fin ser expresado”.
Así que un día dejó de lado el anhelo de aprender qué era la Paz.
Dejó de lado todo anhelo de aprender –pues, ¿qué más podía aprender alguien que era capaz de sosegar tifones, sanar enfermos con un toque de sus manos y transformar la bosta de vaca en oro?
También dejó de hacer milagros.
Dejó de hacer. ¡Hasta dejó de dejar!
Y en ese instante… ¡empezó a Ser! Y en el Ser ya no había necesidad de ilusiones ni milagros.
En el Ser sobraba el hacer. Y así –al fin- halló la Paz.
La Paz estaba allí –donde no había ningún allí.
La Paz transcurría en un instante exento del más mínimo instante.
La Paz se podía aprender… ¡pero no se podía transmitir a otros!
Sin embargo, y tal como le mostraba su propia experiencia, la única forma de aprender la Paz era enseñándola: pues ésa era la máxima expresión de Amor de la que era capaz un ser humano hacia sí mismo.
Porque amar al prójimo cada segundo del día es la única manera de despejar los obstáculos que nos separan del Amor hacia nosotros mismos…
Así, continuó enseñando lo in enseñable: vertió –sin reservas- ese infinito caudal de Amor que manaba de sí mismo; sació la sed del sediento, devolvió la salud al desahuciado… ¡y siguió haciendo esos milagros que tanto entretenían e ilusionaban a sus semejantes!
martes, 23 de febrero de 2010
EL SALTO
La existencia aparente de un ser humano es muy diferente de su realidad más íntima. Mientras la vida exterior generalmente se teje de apegos, posesiones e incomprensiones, además de inercia en diversos grados, la vida profunda se inunda de paz y de armonía. De ella emerge la claridad, la acción inteligente y la libertad de un amor impersonal que todo lo abarca.
Al escalar una montaña en dirección a la cima buscando nuevos horizontes, más amplios, muchas veces la persona se distrae e incursiona por senderos paralelos. Esto se debe a su comprensíón aún inmadura de la vida, a su percepción superficial. Sin embargo, después de haber llegado a determinado nivel, al encontrarse frente al abismo que separa la vida común de la vida trascendente, tiene que transponerlo. La impulsa únicamente la certeza interior de que debe proseguir. Ahora, sin apoyos ni indicaciones externas acerca de lo que encontrará del otro lado, debe saltar.
Cuando se da cuenta del valor de dar ese salto, un nuevo poder emerge del interior de su ser, un poder que devela los secretos del camino. Entonces ve que el pasado fue nada más que una preparación para la magnanimidad de lo que comienza a vivir. Y con más pureza irradiará la luz de los Mundos Internos sobre todo lo que lo rodea en los planos materiales de la existencia.
Hoy, más que nunca, hace falta ese descubrimiento, ese sagrado Servicio.
Al escalar una montaña en dirección a la cima buscando nuevos horizontes, más amplios, muchas veces la persona se distrae e incursiona por senderos paralelos. Esto se debe a su comprensíón aún inmadura de la vida, a su percepción superficial. Sin embargo, después de haber llegado a determinado nivel, al encontrarse frente al abismo que separa la vida común de la vida trascendente, tiene que transponerlo. La impulsa únicamente la certeza interior de que debe proseguir. Ahora, sin apoyos ni indicaciones externas acerca de lo que encontrará del otro lado, debe saltar.
Cuando se da cuenta del valor de dar ese salto, un nuevo poder emerge del interior de su ser, un poder que devela los secretos del camino. Entonces ve que el pasado fue nada más que una preparación para la magnanimidad de lo que comienza a vivir. Y con más pureza irradiará la luz de los Mundos Internos sobre todo lo que lo rodea en los planos materiales de la existencia.
Hoy, más que nunca, hace falta ese descubrimiento, ese sagrado Servicio.
jueves, 11 de febrero de 2010
LA MARGINALIDAD SE LLEVA POR DENTRO
Cuando uno es pobre como yo, pero se siente rico, jamás podrá llegar a ser miserable ni marginal.
Aunque parezca raro, la marginalidad no siempre está asociada a no tener dinero, es simplemente un fenómeno detestable que se lleva mas en el cerebro que en el bolsillo.
Conozco colegas pobres que a punta de talento, optimismo y curiosidad por la vida, son más millonarios que la nieta de Aristóteles Onassis.
La buena vida está sobre todo llena de la energía que produce el amor por las cosas sencillas, pero hermosas.
Para ser millonario siendo pobre, sólo debemos pensar que dentro de nosotros vive un gigante capaz de hacer todo lo que nos proponemos. Si acaso no logra conseguirlo todo de un tiro, no importa, haga todos los días un pedacito de ese todo que usted quiere lograr.
Siéntase grande y poderoso ante cualquier circunstancia por más adversa que ésta sea y aunque suene como un consejo esotérico, no olvide que lo más difícil, qué era nacer, ya lo logró; lo demás es totalmente gratis, tanto como lo es ser inmensamente rico siendo muy pobre no teniendo dinero.
Es muy fácil ser millonario, por ejemplo, cuando vaya a comer, asúmalo con elegancia, sirva su plato (sin importar lo humilde que éste sea) con cariño y póngalo bonito sobre una mesa que tenga un mantelito bien limpiecito. Use cubiertos relucientes, coloque un delicioso vaso con colores excitantes y llénelos de frutas frescas y jugosas. Recoja de la calle o arranque de su matero una o dos flores y colóquelas en el centro de su mesa, comparta su comida, por más poquita que sea, con la persona que usted más ame, sonriendo y mirándola a los ojos, levante su vaso y diga: "Buen provecho", ría y coma pan tostado caliente, ya que el pan da la sensación de poseer más de lo que se tiene y tal vez así sea.
Si va a salir de casa, piense en lo afortunado que es al tener vecinos tan simpáticos, no importa que eso sea embuste, lo importante es que usted pueda sentir que ellos son simpáticos.
No vea el basurero, ni los huecos que están en la calle, fíjese más bien en la cantidad de hermosos y frondosos árboles que hay a su alrededor y en los felices niños que juegan junto a ellos.
No sea tacaño, amigo! Eso es muy feo, mientras más tacaño se es, más pobres y miserables vamos a ser, así que exagere regalando. Seguramente, aún haciéndolo, estará dando poco.
Enamórese aunque no le hagan caso, porque cuando la gente se enamora siempre se pone bonita y se comporta como si todo lo tuviera.
Toda desgracia es pasajera, no se entierre en la realidad adversa ni en las cosas que son o parecen malas en la vida.
Tome licor, no beba; fume, no fume; sea vegetariano, coma carne; sea ateo, crea en todo; no haga deporte, vaya al gimnasio y trote, en fin, haga todo o deje de hacerlo, pero no obligue ni moleste a otros con sus fastidiosas manías.
Odie la pobreza, enséñese a sí mismo y a los demás, a ser ricos de verdad. Desconfíe de quienes, valiéndose de aquellos que creen ser pobres, se exhiben como un general de causas miserables de dominio.
Basta ya de exaltar la pobreza como una virtud, ya que eso sólo sirve para que la gente no se dé cuenta de lo inmensamente rica que puede ser!
Aunque parezca raro, la marginalidad no siempre está asociada a no tener dinero, es simplemente un fenómeno detestable que se lleva mas en el cerebro que en el bolsillo.
Conozco colegas pobres que a punta de talento, optimismo y curiosidad por la vida, son más millonarios que la nieta de Aristóteles Onassis.
La buena vida está sobre todo llena de la energía que produce el amor por las cosas sencillas, pero hermosas.
Para ser millonario siendo pobre, sólo debemos pensar que dentro de nosotros vive un gigante capaz de hacer todo lo que nos proponemos. Si acaso no logra conseguirlo todo de un tiro, no importa, haga todos los días un pedacito de ese todo que usted quiere lograr.
Siéntase grande y poderoso ante cualquier circunstancia por más adversa que ésta sea y aunque suene como un consejo esotérico, no olvide que lo más difícil, qué era nacer, ya lo logró; lo demás es totalmente gratis, tanto como lo es ser inmensamente rico siendo muy pobre no teniendo dinero.
Es muy fácil ser millonario, por ejemplo, cuando vaya a comer, asúmalo con elegancia, sirva su plato (sin importar lo humilde que éste sea) con cariño y póngalo bonito sobre una mesa que tenga un mantelito bien limpiecito. Use cubiertos relucientes, coloque un delicioso vaso con colores excitantes y llénelos de frutas frescas y jugosas. Recoja de la calle o arranque de su matero una o dos flores y colóquelas en el centro de su mesa, comparta su comida, por más poquita que sea, con la persona que usted más ame, sonriendo y mirándola a los ojos, levante su vaso y diga: "Buen provecho", ría y coma pan tostado caliente, ya que el pan da la sensación de poseer más de lo que se tiene y tal vez así sea.
Si va a salir de casa, piense en lo afortunado que es al tener vecinos tan simpáticos, no importa que eso sea embuste, lo importante es que usted pueda sentir que ellos son simpáticos.
No vea el basurero, ni los huecos que están en la calle, fíjese más bien en la cantidad de hermosos y frondosos árboles que hay a su alrededor y en los felices niños que juegan junto a ellos.
No sea tacaño, amigo! Eso es muy feo, mientras más tacaño se es, más pobres y miserables vamos a ser, así que exagere regalando. Seguramente, aún haciéndolo, estará dando poco.
Enamórese aunque no le hagan caso, porque cuando la gente se enamora siempre se pone bonita y se comporta como si todo lo tuviera.
Toda desgracia es pasajera, no se entierre en la realidad adversa ni en las cosas que son o parecen malas en la vida.
Tome licor, no beba; fume, no fume; sea vegetariano, coma carne; sea ateo, crea en todo; no haga deporte, vaya al gimnasio y trote, en fin, haga todo o deje de hacerlo, pero no obligue ni moleste a otros con sus fastidiosas manías.
Odie la pobreza, enséñese a sí mismo y a los demás, a ser ricos de verdad. Desconfíe de quienes, valiéndose de aquellos que creen ser pobres, se exhiben como un general de causas miserables de dominio.
Basta ya de exaltar la pobreza como una virtud, ya que eso sólo sirve para que la gente no se dé cuenta de lo inmensamente rica que puede ser!
sábado, 6 de febrero de 2010
LAS PALABRAS
Las palabras dejan huella
... Tienen poder e
Influyen positiva o negativamente.
Las palabras curan o hieren, animan o
Desmotivan, reconcilian o enfrentan,
Iluminan o ensombrecen,
Dan vida o dan muerte.
Con pocas palabras podemos alegrar
A alguien y con pocas palabras podemos
Llevarlo al desaliento y desespero.
¡Ah, cuanta falta nos hacer tomar
Conciencia del tremendo poder
De las palabras!
Ellas moldean nuestra vida y la
De los demás. Por eso mismo,
Los griegos decían que la palabra era
Divina y los filósofos elogiaban el silencio.
Piensa en esto y cuida tus
Pensamientos,
Porque ellos se convierten
En palabras y cuida
Tus palabras porque ellas
Marcan tu destino.
Hay que comunicarse y cuando
El silencio es el mejor regalo para ti
Y los que amas, eres sabio si sabes
Cuando hablar y cuando callar.
Piensa muy bien antes de hablar,
cálmate cuanto estés enojado y resentido
y habla solo cuando estas en paz y
Que el viento nunca se las lleve.
Las palabras encierran una energía
Creadora transformante.
... Tienen poder e
Influyen positiva o negativamente.
Las palabras curan o hieren, animan o
Desmotivan, reconcilian o enfrentan,
Iluminan o ensombrecen,
Dan vida o dan muerte.
Con pocas palabras podemos alegrar
A alguien y con pocas palabras podemos
Llevarlo al desaliento y desespero.
¡Ah, cuanta falta nos hacer tomar
Conciencia del tremendo poder
De las palabras!
Ellas moldean nuestra vida y la
De los demás. Por eso mismo,
Los griegos decían que la palabra era
Divina y los filósofos elogiaban el silencio.
Piensa en esto y cuida tus
Pensamientos,
Porque ellos se convierten
En palabras y cuida
Tus palabras porque ellas
Marcan tu destino.
Hay que comunicarse y cuando
El silencio es el mejor regalo para ti
Y los que amas, eres sabio si sabes
Cuando hablar y cuando callar.
Piensa muy bien antes de hablar,
cálmate cuanto estés enojado y resentido
y habla solo cuando estas en paz y
Que el viento nunca se las lleve.
Las palabras encierran una energía
Creadora transformante.
jueves, 28 de enero de 2010
AMANDO CADA DÍA
Tú, que estás trabajando con este sendero espiritual, vas avanzando. Fíjate en los puntos de referencia que encuentres de hace cuatro años atrás, tres años, el año pasado, y adónde te encuentras hoy, y observarás tu progreso y tu crecimiento.
Estas cosas llegan gradualmente y con sutileza. Digamos, no hay truenos, relámpagos y fuegos artificiales como resultado.
Es El Universo que fluye en ti y por tu intermedio, de forma tan tranquila que tal vez no lo notes hasta mucho después.
Tu progreso espiritual empezó hace algún tiempo, cuando dijiste: " Padre, ayúdame. Ayúdame a atravesar estas cosas ". Y Él te respondió.
Estas cosas llegan gradualmente y con sutileza. Digamos, no hay truenos, relámpagos y fuegos artificiales como resultado.
Es El Universo que fluye en ti y por tu intermedio, de forma tan tranquila que tal vez no lo notes hasta mucho después.
Tu progreso espiritual empezó hace algún tiempo, cuando dijiste: " Padre, ayúdame. Ayúdame a atravesar estas cosas ". Y Él te respondió.
viernes, 22 de enero de 2010
AUTODEPENDENCIA
Autodependencia
"Me acuerdo siempre de esta escena:
Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía unos doce...
Estábamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando.
Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un carozo de durazno le apareció en la frente.
Mi tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo y mientras me pedía que trajera hielo le decía a mi primo: Pobrecito, mala la mesa que te pegó, chas chas a la mesa..., mientras le daba palmadas al mueble invitando a mi pobre primo a que la imitara... Y yo pensaba: ¿...? ¿Cuál es la enseñanza? La responsabilidad no es tuya que sos un torpe, que tenés tres años y que no mirás por dónde caminás; la culpa es de la mesa. La mesa es mala.
Yo intentaba entender más o menos sorprendido el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa...
Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees...
Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las tías del mundo.
Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos.
Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa sino que soy responsable de lo que me pasa porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que suceda.
Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago. Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar.
Y tendré que actuar de esa mejor manera. Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que esta es mi decisión. Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje.
Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio. Tendré que ser libre aunque a vos no te guste. Y si no vas a quererme así como soy; y si te vas a ir de mi lado, así como soy; y si en la noche más larga y más fría del invierno me vas a dejar solo y te vas a ir... cerrá la puerta, ¿viste? porque entra viento.
Cerrá la puerta. Si esa es tu decisión, cerrá la puerta. No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que vos quieras. Te digo: cerrá la puerta porque yo me quedo y hace frío. Y esta va a ser mi decisión. Esto me transforma en una especie de ser inmanejable. Porque los autodependientes son inmanejables. Porque a un autodependiente solamente lo manejas si él quiere.
Esto significa un paso muy adelante en tu historia y en tu desarrollo, una manera diferente de vivir el mundo y probablemente signifique empezar a conocer un poco más a quien está a tu lado.
Si sos autodependiente, de verdad, es probable que algunas personas de las que están a tu lado se vayan... Quizás algunos no quieran quedarse. Bueno, habrá que pagar ese precio también. Habrá que pagar el precio de soportar las partidas de algunos a mi alrededor y prepararse para festejar la llegada de otros (Quizás...)"
"Me acuerdo siempre de esta escena:
Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía unos doce...
Estábamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando.
Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un carozo de durazno le apareció en la frente.
Mi tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo y mientras me pedía que trajera hielo le decía a mi primo: Pobrecito, mala la mesa que te pegó, chas chas a la mesa..., mientras le daba palmadas al mueble invitando a mi pobre primo a que la imitara... Y yo pensaba: ¿...? ¿Cuál es la enseñanza? La responsabilidad no es tuya que sos un torpe, que tenés tres años y que no mirás por dónde caminás; la culpa es de la mesa. La mesa es mala.
Yo intentaba entender más o menos sorprendido el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa...
Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees...
Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las tías del mundo.
Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos.
Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa sino que soy responsable de lo que me pasa porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que suceda.
Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago. Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar.
Y tendré que actuar de esa mejor manera. Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que esta es mi decisión. Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje.
Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio. Tendré que ser libre aunque a vos no te guste. Y si no vas a quererme así como soy; y si te vas a ir de mi lado, así como soy; y si en la noche más larga y más fría del invierno me vas a dejar solo y te vas a ir... cerrá la puerta, ¿viste? porque entra viento.
Cerrá la puerta. Si esa es tu decisión, cerrá la puerta. No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que vos quieras. Te digo: cerrá la puerta porque yo me quedo y hace frío. Y esta va a ser mi decisión. Esto me transforma en una especie de ser inmanejable. Porque los autodependientes son inmanejables. Porque a un autodependiente solamente lo manejas si él quiere.
Esto significa un paso muy adelante en tu historia y en tu desarrollo, una manera diferente de vivir el mundo y probablemente signifique empezar a conocer un poco más a quien está a tu lado.
Si sos autodependiente, de verdad, es probable que algunas personas de las que están a tu lado se vayan... Quizás algunos no quieran quedarse. Bueno, habrá que pagar ese precio también. Habrá que pagar el precio de soportar las partidas de algunos a mi alrededor y prepararse para festejar la llegada de otros (Quizás...)"
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